A Borges

Jorge Luis Borges, 1951

Jorge Luis Borges, 1951

Música de Antonio Agri, Jacinto Chiclana

Poema de María Soledad Ranzuglia

A Borges…

Buenos Aires.
        Antigua plaza San Martín.

En los cristales
de aquella tarde
gozosa el alma,
sin presumir,
caló su pluma
en el aire leve,
tinta del Plata,
cifra sin fin…

Hombre de patria,
nieto de idioma,
sobre una estela
te has de escribir
en prosa el silencio,
de cálidas hojas
en que adorabas leer,
sin morir.

Deducen los sueños,
tus mágicas cosas,
Aleph de memorias,
el gran universo
en que reinas febril;
la duda te acecha en
pálidas horas,
voz que recorta
la Luz que avecina
su lento extinguir.

Mudan los tiempos
la cruz y la gloria,
sobre la Pampa
el acero marfil,
anuncia en su duelo
la suave victoria,
sin contrincantes
que deban partir.

Se queda el espejo
del río en tus palmas,
nadie decide quién
debe vivir,
esquelas al viento
a gritos te nombran
como aquel hombre
de extraño sentir…

Son tus poemas
antiguos retratos,
estallan los vidrios,
los dejas así;
brillan de luna
pequeños retazos
que nunca la noche
alcanza a dormir.
Despiertos se mueven
cual miles de astros,
latencia que pausa
el hondo carmín;
ya sé que no diste
tu son a esa aurora,
pero su ventura
arroja un desliz..
El arduo misterio
sin graves demoras
de ser un escriba
de alto perfil,
sabiendo que nadie
conquista la hora
sin vena y sin sabia
porción de gentil.

Borges poeta,
usted de palabra
cabalga penumbras
sin miedo al decir,
por eso le pido
que haga memoria,
y nos digne en secreto
su justa matriz.

¿Qué trazos lustrados
signaron su vida,
qué autor lo ha dejado
de un libro salir?
Por Buenos Aires
lo andan buscando…
Un tal Jacinto
lo aguarda callado,
muy cerca del alma,
                  de la San Martín.

                                 María Soledad Ranzuglia,

    de “Diario de una Mujer”