Poema “El Recuerdo de sus voces” en la voz de su autora- fragmento radial

( música de Mychael Nyman y Ennio Morricone)img_20170119_190640676_hdr

Aquellas voces de siempre, las que acompañaron los preludios de la vida en su infancia, perduran en la Memoria sin tiempo sobre nosotros…
Cierro los ojos y renazco ante el caleidoscopio de imágenes que acuden tan sólo por estar ahí, vociferando la dicha del encuentro:
El saludo de mi abuelo al abrir la puerta, la risa de mis tías en los cumpleaños, el comentario de los domingos en la mesa , el coro de las tazas antes de ir al colegio; los baldes de agua en carnaval, la pregunta sobre el primer novio, la catequesis familiar recitada en una tarde de verano sentaditas en la verja de casa; el ladrido del “Pibe”, la lluvia en las mañanas de abril, el carrito de las compras cuando venían del mercado, la ternura de jugar ser grandes sin saber que en Verdad, lo eran… La Navidad de aquellas voces, resucitan sólo para quedarse.

El Recuerdo de sus voces,
sostienen tenuemente las
mañanas…
Porque comienzo a olvidarlas
en el concierto cotidiano
que sólo busca entorpecer…

Y las extraño.

Trato de escuchar aquel
saludo de siempre,
de retener el gesto apretando
mis sienes para que no escape,
y me vea con la fiel tarea
de comenzar todo otra vez.

Y si así lo hiciera,
sería yo quien
reflejara por un tiempo,
aquel recuerdo a suceder
en la memoria de los míos
o los nuestros,
simplemente aconteciendo
en un cielo de sombras,
sin nunca terminar de
fallecer.

No hay falla,
ni trastienda que nos pueda
merecer,
pero, ¿En qué noche se han
entretenido,
en qué silencio demoraron
el ayer?
¿No saben que hace frío,
o estoy buscando sin querer?

Del recuerdo de sus voces
pende mi Alma de papel,
titilando en los suspiros
como el ave, que urdiendo
el gran viaje,
se ha dormido por el frío
en un rincón sin ver…

Llaman a mi puerta,
son los que buscan el querer;
saludo con el gesto plácido
inspirado sabiamente por
quien viene hasta mi casa,
preguntándole a la Vida
hasta cuándo será Bien.

Comprendo.
No hay distancia.
Soy el eco del cristal hecha
tu voz…
Seré mañana
quien sostenga aquel
trinar,
que sólo en sueños
ha elegido refugiarse
en el adiós.

Comprendo…
Era el eco del cristal más puro
del Amor.

  María Soledad Ranzuglia
Del libro “La Canción Olvidada”, Editorial Babel, 2012