A mi abuelo Alberto

(música de George Winston,Troubadour)

Llegué casi puntual…
Mi abuelo esperaba en el lugar
y luego de su estudio de rutina
a un bar de la esquina
fuimos a festejar.
A sus ochenta,
su salud prometía más.
Lo vi reverdecer,
animado como el hombre de ayer;
contento, galante,
conversamos hasta tarde
de por qué en su casa
no era el de antes.
Me explicaba que mi abuela
los hijos, las tareas,
ocupaban casi todas sus veredas…
¿Te quedaste sin lugar para jugar?
Pregunté.
Sacó su billetera
y pagó con gusto hasta el último café.
Volvíamos en taxi,
lo noté achicarse,
me pareció que tosía sin querer.
Cuando llegamos  a su casa
era un anciano en andas,
casi como el retrato de Dorian Gray .
 
Lo seguí persistente hasta su cuarto,
lo miré de cerca,
me vi en él;
sus ojos se nublaron de repente,
como lluvia en cristales inclementes
pidiendo dignamente ,
que no lo llamen otra vez.
Sonreí y lo recordé por la tarde…
Salí de su casa,
miré la vereda,
por suerte en la esquina
había otro café.

                          María Soledad Ranzuglia
                        Del libro “Todos Somos Creadores”